En un lugar de
La escritura, desde antaño, crea historias de religión en los textos sagrados, en las hojas de papiros, en las murallas, en el piso, en las paredes, en el universo.
La escritura se incrusta en la era mitológica con sus dioses, ninfas, cíclopes, viajes, odiseas, aventuras, héroes, guerras, que no sólo vislumbra la concepción de la creación del mundo sino que se presenta una cultura, un pensamiento y costumbres.
La escritura halla cabida en la literatura como forma de la expresión del pensamiento, en la observación del mundo y en la reflexión crítica de los asuntos sociales.
La escritura se concibe en los cuentos de hadas, en las fantasías, en la imaginación, en los elfos, en los bosques, en las montañas, en las casas de chocolate, recreando mundos fantasmagóricos que viajan en el tiempo y pueden suceder en cualquier lugar del mundo o en el país del nunca jamás.
Es a través de la escritura que el hombre ha expresado sus pensamientos y admiración frente al vasto mundo que lo rodea, pero también se ha tomado el placer de escribir sobre sus emociones, sentimientos, sensaciones, deseos, sufrimientos. Por eso, el hombre tiene la necesidad de registrar el amor, el desamor, la tristeza, la soledad, el desespero, la decepción y la muerte a través de la materialidad que dibuja los pensamientos, virtudes y sentimientos del ser humano.

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